lunes, 20 de septiembre de 2010

La RSC como un nuevo instrumento de la acción sindical

 


La participación de los sindicatos en la estructuración y redacción de los balances sociales de empresa son una realidad que no debe ser soslayada por el empresariado chileno ni por las organizaciones de trabajadores. Y es que los principales obstáculos que encuentra este instrumento de gestión de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) son de naturaleza cultural. Por un lado, el empresariado nacional todavía no abandona la idea filantròpica de la RSC y, en el peor de los casos, este concepto es sinónimo de un alza de costos que es mejor ahorrase. Mientras, en el mundo sindical, existe la idea general de que todo lo que sea RSC no es más que un nuevo método de marketing, o es la última estratagema del capitalismo para justificar su dominio, segùn el discurso de los sectores màs radicalizados.
Sin embargo, ambas concepciones se equivocan pues no consideran la RSC como un nuevo sistema de gestión organizacional que implica la puesta en marcha de procesos continuos de calidad y rendición de cuentas afuera de la actividad empresarial . Aunque lo que se denomina como un escepticismo paralizante en el mundo del Capital y Trabajo sean comprensibles, la experiencia práctica de la RSC y los Balances Sociales demuestran que no pretenden globalizar el sindicalismo ni tampoco reemplazar el rol del Estado en la tutela de los derechos laborales o la negociaciòn colectiva.
Un adecuado punto de partida respecto al rol del sindicalismo en la RSC lo podemos ubicar en la institucionalidad internacional. Iniciativas como la red del Global Reporting Iniciative (GRI,) encargada de elaborar informes de sustentabilidad ambientales y sociales; el Programa “Principios para la Inversiòn Responsable” de Naciones Unidas; la repartición Social Responsabilty de la ISO que en el 2010 lanzará la norma 26000 para certificar la calidad de las polìticas sociales de la empresa, además de los capítulos para el Desarrollo Social de las Empresas Multinacionales de la OIT y la OCDE. Las directivas y el contenido aplicativo de estas iniciativas han permitido la emergencia de una nueva visiòn empresarial y sindical en torno al diàlogo social y su vínculo con la RSC.
Ya en el 2006, la Conferencia Sindical Trabajo y Medioambiente en Amèrica Latina (CIOSL) incorporó el concepto de RSE como parte de su estrategia, la cual “permite vincular la figura de la RSE con la línea de trabajo directamente multinacional, fundamentada en instrumentos intergubernamentales (OIT, OCDE, Naciones Unidas), y los acuerdos marco globales alcanzados entre Federaciones Sindicales Internacionales y determinadas empresas multinacionales correspondientes a sus sectores de representación”. Es importante recalcar que los instrumentos internacionales ofrecidos por estos organismos no significa una homogeneización de las prácticas sindicales en los marcos establecidos por la RSC. De acuerdo a la CIOSL, los sindicatos han coincidido en la dificultad de exigir el cumplimiento de códigos de RSC a las empresas debido a las peculiaridades de cada país. Y es que la actividad sindical no existe a nivel supraestatal y el hecho de que un sindicato de un país intervenga en las situaciones de otro pueden crear susceptibilidades, sobretodo desde Europa y Estados Unidos hacia América Latina.
Este tipo de problemas pretenden ser enfrentados por los acuerdos globales existentes, específicamente a través de la “Global Resporting Iniciative” (GRI). La guía de esta entidad contiene indicadores y principios que plantean la intervención de los sindicatos en la aplicación y seguimiento de los balances sociales realziados por casa empresa que utiliza la metodología propuesta la guía. Ello ha permitido que actualmente esta especie de brújula sea considerada en Europa el principal instrumento de acciòón sindical en materia de RSC. Veamos el por qué.
“Si los grupos de interés (entre los cuales menciona a las organizaciones de trabajadores) no participan en la elaboración de la memoria anual (Balance Social) ni se identifican con ella, es menos probable que las memorias se adecuen a sus necesidades, lo que a su vez provocará que sean menos creíbles”. Ello ha llevado a los sindicatos a proponer en los balances la inclusión de indicadores internos como el número de filiales, subcontristas y proveedores con los cuales trabajan la empresa. Este tipo de datos nominales han comenzado a ser entregados directamente a los sindicatos como lo demuestran los casos de empresas espanolas como Mango e Inditex. Otros indicadores cada vez màs frecuentes en los balances sociales son el volumen de producciòn en facturaciòn y ventas junto con sus porcentajes sobre el total subcontratado; el nivel de salarios pagados; tipo de contratos utilizados y su porcentaje entre el total de trabajadores; ìndice de salud y seguridad laboral, y la menciòn de sindicatos a los cuales se ha contactado para el seguimiento de los compromisos en RSC. Ademàs de estos indicadores, la guía GRI recomienda la inclusión de indicadores globales como mencionar si existe o no una interlocuciòón y acuerdos formales con organizaciones sindicales internacionales.
Exitosos casos en esta materia tambièn lo demuestra la empresa Repsol YPF que está involucrando a sus sindicatos en las discusiones formales sobre su balance social anual, solicitando el aporte de estas organizaciones en materias delicadas como las relaciones con las comunidades indígenas, ahorro energético y sustentabilidad ambiental. De hecho, estos temas pueden ser desarrollados y propuestos por los sindicatos en el proceso de estructuración del balance de la empresa. Para ello es indispensable que exista una actitud abierta por parte del movimiento sindical chileno a tratar la RSC como un instrumento de participación y aporte social.

La oferta de productos éticos: Otro tipo de RSC

 


Al estudiar los alcances de la Responsabilidad Social Corporativa debemos considerar su primer elemento característico: es un concepto amplio que hace referencia a una multiplicidad de enfoques acerca del comportamiento socialmente responsable, particularmente en el ámbito microeconómico. Su campo de acción no discrimina a las empresas de acuerdo a su dimensión productiva y comercial. Sobre esta base, debemos reconocer que los mayores impactos sociales de la RSC no sólo apuntan a mejorar la competitividad de las empresas desde un punto de vista convencional, sino que el comportamiento socialmente responsable también pretende incentivar la cooperación de éstas entre los distintos actores microeconómicos.
En este contexto, nos concentraremos en el desarrollo de la llamada "economía responsable", también conocida como "la otra economía", "economía alternativa" o "consumo sustentable". La materia prima de esta tipo de iniciativa es la nueva concepción desarrollada por los consumidores que perciben la producción ética como el verdadero valor agregado que entregan los productores y empresas comercializadores. Esta idea es retroalimentada por la incipiente oferta de "productos éticos" que poco a poco se abre paso en Chile, más allá del escaso conocimiento sobre el tema.
Este es el motivo por el que nos concentraremos en los resultados del estudio "Oferta de productos y servicios éticos en Chile: Dimensiones y Perspectivas de un Fenómeno en Expansión", desarrollado por la Fundación Ciudadano Responsable y el Programa de ética empresarial de la Universidad Alberto Hurtado. Publicado en noviembre pasado, la investigación logró identificar a 344 organizaciones dedicadas a la "producción responsable" a lo largo del país.
Demostrando ser una expresión de RSC, los "productores éticos" se identifican con tres pilares estratégicos en su gestión: el desarrollo social, ambiental y sustentable. El primero de ellos considera las condiciones laborales justas, capacitación a los trabajadores, precios bajos a los consumidores, aportes a la comunidad y una comercialización más simétrica con los demás actores. El segundo aspecto toma en cuenta el impacto ambiental en la producción y comercialización de estos productos, como el uso sustentable de recursos naturales, la eficiencia energética y hasta un adecuado trato a los animales. El último ámbito es la interrelación entre la dimensión social y ambiental, donde se materializan proyectos vinculados al turismo.
Pero los resultados entregan dos nuevos importantes factores que son considerados por estas organizaciones como elementos constitutivos de la RSC. Uno es el rescate que pretenden ejercer los productores con las tradiciones culturales locales, asociándolas con un valor ético. El otro es la profundización de la "Accountability", entendida como el incremento de los instrumentos de control e información desde las empresas hacia los demás stakeholders. En este sentido, existe en el sector la convicción de que las empresas pequeñas presentan un mayor grado de eticidad puesto que están en condiciones de monitorear sus productos de forma más directa.
La oferta de productos éticos en Chile se concentra en el sector orgánico (44%), seguido de otros "circuitos" como el uso sustentable de recursos naturales (33%), y el comercio justo (9%). Entre los principales actores encargados de generar esta oferta están los productores directos y empresas manufactureras que se llevan el 70% de la torta. Cuando se habla de manufactureras debemos considerar a la producción artesanal e industrial no masiva, especialmente a las cooperativas "que se unen para alcanzar mayores niveles de rentabilidad en la comercialización de sus productos o promover el rescate de tradiciones propias de su actividad" (Pág. 30).
El estudio saca a la luz el trabajo combinado de las cooperativas y otras organizaciones de mayor envergadura que apadrinan a las cooperativas en la promoción de sus productos. En estos casos podemos mencionar el rol jugado por la Red de Comercio Justo del Sur, entidades públicas como Sercotec y fundaciones comercializadoras sin fines de lucro. También existen empresas con fines de lucro que comercializan estos productos debido a las nuevas oportunidades de negocio que aprecian en los consumidores. Ello demuestra que la factibilidad de la economía responsable no es una quimera, sino que efectivamente nos revela nuevos espacios para la RSC, que van más allá del marketing responsable tal como lo conocemos, pues aquí entra a operar el concepto más refractario a las modernas técnicas de marketing: La trazabilidad social por parte de consumidores, productores y una organizada red comercializadora.
Como vemos, es el principio del trabajo en grupo a pequeña escala el que muestra los frutos más efectivos en materia de RSC dentro del campo microeconómico, con un impacto social limitado, pero de grandes perspectivas de reproducción para el emprendimiento social. Y es que, cuando la motivación es estrictamente social se pueden mostrar resultados de alto beneficio comunitario. Ello puede ser visto como un modelo para la producción a grande escala que aún presenta una notable distancia con las crecientes exigencias de los consumidores más activos en este tema, los cuales ya no pueden ser considerados como una minoría, sino como un segmento relevante del mercado chileno.
Las grandes empresas también están en condiciones de imitar el ejemplo de la producción orgánica que no se ha alejado de sus parámetros de producción, reconvirtiendo sus procesos productivos sin necesidad de sacrificar los beneficios económicos y sociales, como prematuramente lo ha aceptado el sentido común de aquellas empresas reticentes a llevar a cabo al 100% la RSC. De hecho, la producción orgánica de vinos en el país muestra una sustentabilidad en el largo plazo desde 1986 y sus resultados ya están siendo publicados en los reportes de RSC o Balances Sociales.
El desarrollo del mercado nacional de productos responsables va a paso lento, pero seguro. Una de sus catapultas ha sido aceptar a la cooperación como un elemento de valor agregado y no como un factor de riesgo asociado a los balances de contabilidad convencionales que, en este sentido, se están convirtiendo en los verdaderos cuellos de botellas para el avance de la RSC.


El mètodo de la “C” en el desarrollo de la RSC

 


Probablemente uno de los potenciales más altos de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) sea su capacidad de establecer relaciones sistémicas para abordar diversos problemas de desarrollo. Y esta respuesta no sólo le compete a las empresas, sino que también a otras organizaciones civiles y públicas. En este contexto, las medidas de la RSC perfectamente se pueden acoplar con otro tipo de demandas, más allá del modelo económico convencional, sin necesidad de atentar contra los objetivos y las libertades de éste. Estamos hablando del compromiso que han desarrollado algunas empresas, ONGs y entidades estatales en torno a la denominada “economìa de la solidaridad”, la cual se ha venido implementando con mayor fuerza en los últimos anos en Europa y algunas partes de América Latina, donde Chile no ha sido la excepción.
La literatura econòmica diò a luz este concepto en 1980, que implica una idea completamente distinta a lo que actualmente se entiende por solidaridad. En el mundo contemporàneo la solidaridad se asocia con una idea filantropista respecto a la cooperaciòn, bajo la lògica de “te regalo un pescado, pero no te enseno a pescar”. Como sabemos, este problema todavìa afecta las pràcticas de RSC en el paìs, razòn por la cual destacaremos el aporte de algunas experiencias en el campo de la “economìa solidaria”, comprendida como una organizaciòn enfocada a una productividad asociativa y cooperativa con fines comerciales sustentables y que muestran un alto impacto social.
Los autores del concepto hablan del mètodo de la “C” para identificar estas dinàmicas econòmicas: cooperaciòn, coordinaciòn, colaboraciòn, comunidad y capaidad, entre otras. Lo màs importante es que el aporte de la RSC como un factor integrador del saber fragmentado que opera en la microeconomìa no es menor. Existen mùltiples casos exitosos en el desarrollo de este modelo de pequena escala, donde las organizaciones econòmicas de caràcter empresarial, estatal o civiles han movilizado recursos que despuès son decididos y gestionados por las propias comunidades en determinados negocios o circuitos comerciales acotados a un territorio.
España es uno de los países de origen latino que presenta una mayor cantidad de experiencia en el tema, a travès del establecimiento de una red econòmica en toda la penìnsula, donde se han materializado importantes logros como la creaciòn de una banca ètica para el financiamiento de productos, la inclusiòn de clàusulas sociales en las licitaciones pùblicas, la publicaciòn de indicadores de auditorìa social en organizaciones no lucrativas o la realizaciòn de programas de reinserciòn laboral por parte de asociaciones civiles.
Desde el punto de vista empresarial se han obtenido valiosos resultados, especialmente por parte de las pequenas y medianas empresas, en lo que se conoce como las “franquicias solidarias”. Este concepto implica una forma de distribuciòn y/o comercializaciòn de un servicio-producto, en la cual la empresa franquiciante ofrece la marca para los interesados en utilizar la marca con la condiciòn de destinar una cuota permanente de sus ganancias al financiamiento de proyectos productivos autosustentables en comunidades de lllamdo tercer mundo que tambièn, sobre esta base concreta, tienen posibilidades de insertarse en redes de comercio locales y hasta internacionales.
Un ejemplo de buen funcionamiento es el caso de la franquicia “The Body Shop” en Espana, cuya red de ventas de productos cosmèticos estableciò el programa de comercio justo “ayudar comerciando”, en el cual se adquieren ingredientes de alta calidad para sus productos, provenientes de treinta comunidades esparcidas en 23 paìses, contribuyendo a la sustentabilidad de èstas. Italia tambièn presenta el caso de la franquicia “ZYP”, una cadena de sartrerìa destinada al pequeno comerciante que opera en los barrios populares de Roma. Al comprar la franquicia, cada asociado a esta red de negocios debe otorgar cien euros mensuales a proyectos productivos en paìses de Africa y Asia.
El sistema de franquicias solidarias tambièn está dando pasos sostenidos en Argentina, donde se formó la Asociaciòn de Franquicias Solidarias, como brazo social del sector con el objetivo de promover la responsabilidad social entre las empresas agrupadas. En Chile, lamentablemente, este espacio de RSC no resulta atractivo para las grandes corporaciones, pero se ha fragmentado bastante bien en la sociedad civil, a nivel microeconómico. En este sentido, se destaca la franquicia de comercio minorista “Mediterràneo” con una cadena de tiendas de ropa ecológica y la planta de clasificación textil que busca la inserción laboral de segmentos desprotegidos.
Nuevamente, una de las principales piedras de tope en el desarrollo de la RSC dentro del país es la visión reduccionista del fenómeno, puesto que aùn se mira desde la óptica filantrópica y del marketing respionsable, cuando es un fenómeno más complejo, sistémico, integrador y que apunta al desarrollo de proyectos concretos en el mediano y largo plazo. Para insertarse con mayor fuerza en las tendencias internacionales de la RSC, las grandes Coporaciones chilenas deben extender las dimensiones reales hacia el desarrollo sustentable (además del factor medio ambiental, se incluyen las variables del desarrollo productivo y social de las comunidades); el consumo consciente (apoyo sostenido en la oferta informativa a los consumidores), y el comercio justo (con las formas prácticas que comprende, como las franquicias solidarias).
La profundizaciòn del concepto de la RSC hacia estos otros ámbitos sòlo puede enriquecer el potencial aporte del sector privado en las cadenas del emprendimiento y en las sustentabilidad social, sin constituir un obstáculo para el desarrollo en conjunto de la economìa chilena.