lunes, 20 de septiembre de 2010

Llegó la hora de que las ONGs salgan a la cancha en la redacciòn y publicación del Balance Social

 


Cuando hablamos Responsabilidad Social Corporativa a menudo pensamos en las empresas como si fuesen las únicas protagonistas de este proceso. Cada vez que realizamos esta interpretación caemos en una visión imcompleta del tema pues la RSC implica un perfeccionamiento del proceso organizacional que incluye también al Estado y sus organismos, además de todas las organizaciones civiles interesadas en integrarse con el sector empresarial y público para desarrollar proyectos con un alto impacto social. Aquí es donde se insertan las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que están mostrando una gran autonomía para implementar sus propios balances sociales como un elemento central en sus políticas comunicacionales.
Y es que para las ONGs no es tan fácil mostrar sus actividades a los demás actores sociales, especialmente bajo la perspectiva del clásico balance económico de contabildad que sólo muestra los ingresos y gastos económicos, los cuales no son suficientes para mostrar la eficiencia y el impacto social que alcanzan las iniciativas o programas que realiza el sector para la sociedad civil. Por ello, la redacción del Balance Social presenta un gran paso adelante para que las ONGs logren registrar sus modelos de intervención social y compartirlo públicamente con el empresariado y el Estado. En este sentido, para este sector, los portadores de interés (Stakeholders) son: financiadores institucionales (UE, Gobiernos, Bancos, etc.), donadores privados, colaboradores, comunidades en las cuales operan y otro sujetos institucionales y/o ONGs relacionadas en su campo de acción.
Como vemos el panorama para aumentar las interelaciones con los demás actores estratégicos es suficientemente amplio para ser aprovechado a través de un Balance Social que de a conocer la composición profesional de la ONG, además de sus objetivos principales, sus metodologías para implementar nuevas iniciativas y los programas que realizan para concretizarlas. Este instrumento podría ser utilizado por las ONGs para demostrar de qué forma desarrollan los proyectos financiados por Stakeholders como Gobiernos, bancos u organismo internacionales como la ONU, FAO, OMS, etc. El Balance Social también es un primordial para acreditar a una ONG ante los organismo públicos y/ las autoridades del país donde éstas operan, pues el documento puede indicar el impacto social directo de los programas a realizar dentro del territorio, como oportunidades de trabajo, capacitación, entrega de nuevas herramientas y valores a la comunidad.
Cada dirigente de ONG debe considerar que el eje central en la redacción de un Balance integrador desde el punto de vista social se identifica en la creación de un conjunto de indicadores sociales que muestran el impacto de cada proyecto realizado por la organización. El primer tipo de indicador o variable madre que deben ser registrados son los recursos financieros (presupuestos), humanos (personal calificafo o no, consultores, operadores, etc.) y materiales (infraestructura, transportes, etc.) utilizados en un arco de tiempo determinado para realizar un proyecto o programa de medio plazo. A partir de este indicador se pasan a mencionar los resultados de cada iniciativa como, por ejemplo, el número de personas beneficiadas por el proyecto o el número de escuelas construidas, vacunas realizadas, etc. El tercer tipo de indicador supone la publicaciòn de los impactos sociales generados por la actividad de la ONG como el número de nuevos alfabetizados, número de capacitados que se insertan en labores productivas, etc. Este tipo de indicador social representa la punta de la piramide de todo Balance Social, debido a que muestra cómo se han cumplido los objetivos generales de la organización, además de enriquecer la oferta informativa en materia de aporte cualitativo a la riqueza comunitaria o del territorio.
En otras palabras, un modelo de este tipo que incluya los tres indicadores sociales mencionados (recursos utilizados, resultados alcanzados en cada proyecto y el impacto social) permitiría a las ONGs adaptarse a las realidades particulares de su campo de intervención, ya sea educativo, sanitario, de desarrollo urbano, infantil, etc. Además, el Balance Social debe considerar dos características constitutivas en el sector: un claro referimiento a un estándar internacional como modelo de construcción del documento y que esté en condiciones de mostrar el momento concreto que está viviendo la ONG en relaciòn a sus objetivos que la impulsan a existir con el propòsito de comunicar a todos los Stakeholders la identidad que tiene y las estrategias que impulsan a sus dirigentes.

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